Retro Sevilla 2017




En pleno centro de Dos Hermanas, atestado de treintañeros, incluso cuarentones, algunos ya con hijos, estaba la exposición o evento “RetroSevilla 2017”, en el centro cultural “La Almona”. En cuanto me enteré de qué iba, tuve que apuntarlo en mi google Calendar… había que ir. ¡Y vaya si había que ir!

Fue una visita preciosa, nostálgica, en la que recordé muchos juegos de mi infancia;mi primera consola (y la única, yo era más de PC), los juegos arcade de los 90, las maquinitas recreativas, los disquetes, las aventuras gráficas… mereció la pena.

Es curioso cómo tuve que explicarle a mi hermano, nacido en 2005, cómo iban las maquinitas (lo de tres botones bastos y un joystick regordete como que no es muy actual. Lo de meter 25 pesetas mucho menos). En un panel había una colección de mandos desde 1977. Yo conocía bastantes, mi hermano sólo los dos últimos de la PlayStation. Le conté con qué y cómo me picaba muchas noches, que me las pasé jugando al Monkey Island –todos sus capítulos- o al Maniac Mansion (que tenía un propio expositor en el evento) –realmente jugué al “Día del Tentáculo”, que era la segunda parte, la primera era muy difícil para lo chico que yo era-, o la aventura de Indiana Jones y “La Última Cruzada”, que por mucho que me supiera la película de memoria, siempre fallaba algo en el juego y no terminaba nunca de pasármelo (tardé años en completarlo, porque siempre lo dejaba a la mitad y lo empezaba cuando me acordaba…). En fin, hice de “abuelo batallitas” contando miles de tonterías sobre mis manías jugando al ordenador o la Mega Drive. Sí, lo del cartucho también tuve que explicárselo, lo de los CDs es muy nuevo, aunque él pensara que eso era de siempre.

C:\> cd monkey
C:\monkey> monkey
Executing…
Y como me pasa siempre con mis juegos de ordenador o mis “robotix”, cuando me acuerdo de ellos me pico, los vuelvo a jugar hasta la saciedad y me reviento las horas delante de la pantalla disfrutando como un niño chico. Bueno, un niño friki. Aunque prefiero lo de “nerd”, la palabra friki se ha degenerado demasiado en España y ya cualquiera que vea Juego de Tronos se autoproclama friki. Pues eso, que me he vuelto a enganchar a aquellos juegos pixelados, de 8 bits, que gracias al emulador de MS-DOS de “DOSBox”, ahora puedo jugarlos, aunque con unos pelitos más, pero igual de “enviciao” o peor. Creo que peor.
Ese Maniac Mansion del que hablaba antes, que nunca llegué a pasarme, ahora lo tengo en racha y no puedo dejarlo. Siempre me ha encantado devanarme los sesos con las aventuras gráficas, y ésa, creada por Ron Gilbert, el mismo de “Monkey Island” y otras tantas de SCUMM y Lucasfilm, además tiene bastantes golpes de humor, ironía y sarcasmo, como todo lo de Ron Gilbert en realidad.


Por mi pasión futbolera, el Sensible Soccer era el otro de los juegos más trillados que tuve. En mi Olivetti 2.86 tuve que borrar el archivo “autoexec.bat”, porque claro, no tenía espacio suficiente de RAM, era mucha tela ese disquete de información que tenía que insertar para jugar y el PC no podía cargar el juego… muchos gráficos entonces para tan poquita RAM. Jugadores, equipos y selecciones de 1988 a 1990 (cuando lo jugaba sólo habían pasado 7 u 8 años) eran representados como monigotes y cuadraditos de 8 bits, capaces de moverse de arriba abajo y de izquierda a derecha. Igual que el FIFA de ahora, que te vienen hasta los recogepelotas… El FIFA 97 fue el primero de “cierta” calidad que tuve, pero para la Mega Drive. Eso ya era muchísimo nivel, una auténtica pasada cómo me iba por la banda derecha, la colgaba en la esquina del área y remataba en el punto de penalti. Ese era el truco. Siempre entraba. Cuando gané todo lo que se pudiera ganar, entonces me aburrí. Hice un equipo con los nombres de mis compañeros de clase, yo como capitán, claro está, y gané varios mundiales y ligas españolas, como es lógico; en mi promoción, la clase de 4º de primaria de La Salle de la calle San Luis sólo era comparable con el Milán de Nesta, Maldini y Van Basten, aunque la Juve de Nedved y Del Piero siempre me puso oposición alguna que otra vez. Por cierto, ya lo conté una vez, pero me encanta repetirme: gracias a aquella portada del juego, sentí curiosidad por la Juve, que además jugó una final de Copa de Europa contra el Real Madrid y otra de UEFA contra el Borussia de Dortmund, y por el fútbol italiano, “il calcio”. Me llevé casi 20 años pensando en esa bonita historia, hasta que hace un par de años, me enteré de que en la portada el que aparecía era un jugador del Newcastle. Con dos cojones. ¿Os imagináis yo viendo la Premier ahora? Pues menos mal.
Uno de fútbol, pero ya de fichajes y de alto glamour futbolístico iba el PCFútbol, que ya lo cogí yo con un Pentium II, a finales de los 90 –aunque ya lo jugaba con mi vecino en su versión del 97/98- y al que el Don Benito o el Ayamonte le deben todas las Copas de Europa que tienen en sus vitrinas, porque los años en los que pusieron a la luz equipos de 2ªB y 3ª españolas, todo aficionado al PCFútbol quería hacer algo importante con esos humildes en la realidad pero grandes potencias mundiales en nuestros PCs. Sí, largos fines de semana y tardes de entresemana me he llevado negociando y potenciando un Sevilla FC que algunos años lo tuve que salvar de la 2ª división en la que la p***ta realidad me lo tenía.

El Sonic, que ha llegado hasta la actualidad de uno u otro modo, igual que el Super Mario en la nintendo, es otro juego que me sabía de memoria; todos los truquitos para coger todos los anillos, la combinación de botones para saltar de fase –siempre fui un tramposo, aunque me fui apaciguando con la edad, también tenía un mal perder impresionante, de psicólogo con doctorado y clínica en Harvard-, dónde venían los “malos”, etc. Nunca supe si era un erizo, un puerco espín o una rata mu rápida vestida de azul. Creo que ahora mismo sería capaz de pasarme la mayoría de las fases sin demasiada complicación. Humildad ante todo, como se ve. Pero es que en temas de PC no parto peras con nadie. Bueno, con algún que otro maestro al que tengo admiración desde pequeño, como mi vecino Rubén.

Ese vecino, Rubén, que vivía dos plantas más abajo, tenía muchos más años que yo. Fue básicamente quien me “inspiró” para que yo estudiara ingeniería de teleco. Me pasé tardes y tardes en su casa, viendo cómo jugaba –él a los mandos- o cómo avanzábamos en una aventura gráfica cualquiera –las dos cabezas echando humo, aunque teniendo en cuenta la diferencia evidente de edad-. Era quien tenía acceso a ese mercado de juegos en disquetes, un manejo del MS-DOS envidiable (del que aprendí todo lo que sé y os puedo asegurar que no sé poco, de nuevo mi humildad informática presente) y una inteligencia mezclada con un dominio mental de los juegos que me hacía vivir cada pelea con el teclado del Olivetti como si la aventura, el partido, la lucha o la carrera la estuviera sufriendo yo en primera persona. Sí, alguna vez he dicho que fue de mis primeros ídolos. Junto con Súker. Pero uno se fue con Ana Obregón y el Real Madrid y el otro, aunque se ennovió, nunca dejó la disquetera vacía y la pantalla apagada. Se marchó a trabajar fuera y cuando volvió se casó y se mudó. Cambiaron las cosas.

Imagen de http://hol.abime.net/1150

El “Prince of Persia”, que era un monigote blanco como los futbolistas del Sensible Soccer, pero con un poco más de resolución, rubito, de 8 bits que iba pasando fases matando “moros”, para rescatar a una princesa de las garras de un sultán hechicero, fue quien me demostró que los tiempos definitivamente habían cambiado y que tenía que cambiar de ordenador o comprarme una consola. Aquí también desarrollé prácticas como tramposo con aquél comando en MS-DoS de:
C:\>cd prince
C:\prince> prince megahit
Executing…
Ese “megahit” me daba un huevo de vida y no las tres mierdas de oportunidades con el que empezabas la partida, además de que si sabías las combinaciones de teclas oportunas, podías pasar de fase, parar el reloj, acelerarlo, morir en el instante por si tenías instinto suicida –esa habilidad por suerte no la desarrollé- o saltar a la última fase si tú lo que querías era ver el mamoneo con la princesa –que ya hay que estar enfermo para enamorarte de la princesa con 8 bits de escote y protuberancia-. Con el tiempo, el muñeco se convirtió en un metrosexual depilado, que más que rescatar a una princesa sospecho que estaba interesado en vivir con el sultán que fuera su “rey moro”. Hicieron películas, efectos especiales a tutiplén, gráficos impresionantes en sus versiones modernas de Play Station y nada para PC. Era el fin. O al menos eso pensaba. Dejé el Olivetti, pasé a un Pentium, un poco flojo, pero ya no eran píxeles gordos, eran dibujos animados, bonitos, con un audio un poco más agradable que esos berridos “MIDI” que salían de al lado del ventilador de la computadora. Dejé de jugar porque no me enganchaban los modernos arcades, sólo el PCFútbol y algún FIFA, el 2004 recuerdo, con su TOTAL CLUB Manager, que desbancó al de Dinamics Multimedia y que tampoco era demasiado atractivo en mi Pentium… Cambiaron las cosas. Demasiadas.

Y el Monkey Island seguía sacando versiones… sumadas a las dos de las que hablábamos al principio, se publicaron el “Monkey 3” y el “Monkey 4”, a los que también se enganchó mi hermana como adolescente.

Este post podría durar no sé cuántas páginas, ni cuántos días podría estar escribiendo de ello, porque si bien nunca me gustó la “play” o “la nintendo”, sí fui un loco de los juegos de ordenador (y lo sigo siendo, aunque con más gráficos y menos tiempo dedicado, por desgracia) desde bien chico, porque mi padre llevó el primer ordenador a casa pasada la Expo, por 1993, cuando aquella pantalla “de tubo” y 2.86 significaba todo un adelanto y desmesurada potencia italiana de Olivetti. El WordPerfect, el programa para escribir y editar texto;
C:\> cd wp51
C:\wp> wp51
Executing…
 …el Dr. Halo, que era el paint de la época y otros pocos de softwares que estaban “escondidos” en ese sistema MS-DoS que no todo el mundo fue capaz de dominar por su rara estructura (básicamente como la actual, pero sin interfaz gráfica)…
C:\> dir \p
…me dieron la vida y fueron fundamentales en mi desarrollo como “friki” (o “nerd”) de ingeniería, próxima a la informática, pero de telecomunicaciones (algún que otro juego de aeronaves, sistema solar, Star Wars y telecomunicaciones también hubo).

Ahora, como decía al principio, pasados los años y refrescando la memoria, vuelvo a despertar a ese niñato gafotas delante de la pantalla (ahora de un portátil), enamorado de los píxeles gordos y del humor irónico y sarcástico de las aventuras gráficas, de las rarezas de los juegos de rol y de todas esas pequeñas partidas interminables de arcade, unas veces acompañado, otras veces a solas –la mayoría-, pero siempre con los deditos sobre el teclado, esperando a dar el comando para seguir avanzando.
C:\blog\newPost> cd..
C:\blog> cd..
C:\> exit
Shutting down…



Nota: Escribe un comentario si recuerdas algún juego de los que no estén en la siguiente lista o de los que se hayan hablado en el post, cuéntame tu experiencia en esos pixelados 90 ;P
-Warriors
-Bella y la Bestia.
-Indianapolis 500.
-Indiana Jones y la Ciudad Perdida de Atlantis.
-Lemmings.
-Simcity.
-Pang.
-Simon the sorcerer.
-Hollywood Monsters.
-Gimm Fandango.
-La Abadía.
-Larry.
-Alone in the Dark 1 y 2.
-Another World.
-Blockout.
-LHX.
-Solar System.
-Rogue One 3D.

Un domingo de fútbol


Recién llegados, cogimos nuestras Coca-Colas y empezamos a beber. No hay otra señal de que la charla de tasca empieza. Y que el fútbol puede que casi todo lo cope. Cansados, como viejas glorias de vestuario; bajo un azulejo precioso del Cristo de los Gitanos, el de la Salud, con túnica sin bordar, sin oro que distraiga y te aparte la mirada de su tez morena, directa, seria; reunidos en torno a la mesa de plástico del patio, con una piscina a los pies, pero sin meterse en ella, por lo menos hasta que se acabe la primera tanda de latas de Coca-Cola, empezamos a criticar, a elogiar y a recordar años pasados por los banquillos, a gente de este mundillo tan pintoresco y especial, y otros especímenes que han revoloteado alrededor nuestra en estos años.

El mayor de nosotros, el dueño de la casa, con alguna cana puesta, más cansado y con las piernas más ajadas que los otros dos jóvenes, siempre sirve para conocer otro fútbol, el de hace años. El del barro que ya no hay. Porque compartir hemos compartido banquillos, pero él lleva años de ventaja en esta historia. Vieja usanza sale por su boca, otro estilo y otra manera, menos pedagógica, aunque moderna en su tiempo. Da gusto escucharlo hablar como habla del fútbol que ve, de su fútbol. Muy apartado ya del césped le siguen brillando los ojos cuando habla de su viejo y negro Calavera, de sus Mares de Pino Montano o del primerizo Giralda, donde llegó a tener a sus hijos jugando. Los otros dos, más jóvenes y entrados en kilos, le escuchamos, nos reímos de él cuando divaga con historias de la mili, de la puta mili, y no paramos de discutir recordando a tal equipo, a tal jugador o a tal personaje. Le criticamos su pesimismo, su visión ya desgastada del fútbol y, a veces, incluso de la vida. Pero le entendemos. Perfectamente.

Mi otro compañero, el único que sigue ahí al pie del cañón mordiendo la cal del área técnica, no para de ofrecerme volver, como si fuera fácil rechazar ni siquiera un cuarta andaluza… No es fácil, pero es lo mejor, porque la tranquilidad de ver el fútbol desde otro enfoque, desde las alturas, desde la seguridad de no quemarte por más cerca que veas el fuego y la frialdad del que ya ha pasado, disfrutado y sufrido tantísimo en muy poco tiempo, no está pagado con nada. Sus ojos brillan cada vez que habla de sus jugadores. Siempre tuvo pasión por todas sus plantillas. El más ilusionado en cada pretemporada, a veces incluso llegando a pecar de iluso, es capaz de empujar a un equipo y lanzarlo en verano al abismo si hace falta con tal de no fallarle al compromiso. Unas veces con más fuelle y otras con un poco menos, por lo menos el suficiente. Pero no será por falta de ganas. También con las piernas llenas de palos por zancadillas –pero este de las trampas que ha tenido, no de haber sido futbolista como el más viejo-, tuvo que frenar y pensar qué estaba haciendo, a quién se debía. El tiempo vale y hay que saberlo pagar. Y si el dinero no ha sido durante años el motor de los que nos hemos dedicado a esto, qué menos que el respeto y la compostura cuando hay dedicación. A lo mejor es momento de cobrar por los servicios prestados y motivarse con un caché, apoyarse en una barra y escuchar ofertas. El cansancio también frena, pero no desilusiona, es lo que tiene el fútbol.

Y de mí ya podéis saber bastante, por lo que le ahorro texto al lector y reengancho con las conversaciones que en la tarde del domingo tuvimos. Se salta de una a otra discusión sin apenas darnos cuenta, metiendo política por medio, el fútbol de la tele unas veces y otras veces el de verdad, el de nuestras historias. No hay guion, ni se sigue un patrón claro. Simplemente se recuerda, se comparan futbolistas, se discute cómo está la cosa y se echan pestes por la boca de la gente que hace tal cosa en el fútbol o de la gente en general. Porque llega un momento que, cuando estás muy quemado, o te han acercado demasiado la antorcha para quemarte, lo único que te queda es despotricar del que sea y como sea. Aunque después se matice de alguna forma o te repliquen, y entonces te desdices dándote cuenta de que la pasión del recuerdo te ha llevado lejos.

El fútbol, que es lo que nos ha reunido con tantas Coca-Colas y ahora con una piscina, parece como si se estuviera pudriendo.
–Yo no hubiese permitido eso a ese chaval, por lo menos cuando yo estuve en ese club- larga alguno criticando la actuación de quien sea con un jugador.
Pues si no se hace así, a ver cómo se hace, porque no es lo mismo la cantera del Sevilla o del Betis que un club como el tuyo o como en el que está este- replica el otro con toda la razón del mundo. El más veterano es bético, los otros dos somos sevillistas.
Y aunque no pongamos soluciones a nada de todo lo que hablemos en casi siete horas, por lo menos nos quedamos tranquilos diciendo cómo tendría que ser. Y aunque nunca lleguemos tampoco a saber si tendríamos razón o cuál de los tres estaba más acertado, por lo menos nos hemos desahogado, y hemos soltado por la boca lo que a lo peor otro cualquier compañero no se atreve a decir ni a escuchar. Porque si algo malo tiene esto del fútbol es que hay mucho trápala y mucho “amigo” que te escucha amablemente, pero que después larga a tus espaldas lo que haga falta para desmontarte el chiringuito, porque hay que ser sincero y la gente te pide sinceridad, salvo que les jodas, que entonces es que eres un tocapelotas y no se puede ser tan políticamente incorrecto. Hay que tener cuidado hablando. Y eso quema. Por eso, cuando nos metimos en la piscina, que ya hacía falta por culpa de esos 40 graditos domingueros, salía humito conforme íbamos avanzando en la conversación. Las verdades del barquero, que diría aquel. Eso es lo mejor de la charla de tasca que tenemos siempre que nos reunimos. Es verdad que también metemos “cosas menores” como las hipotecas, el trabajo o las mujeres de nuestras vidas, pero eso no es tan importante como una discusión sobre el sistema que debería de hacerse en tal club con tal plantilla.

Qué palo te vas a pegar cuando vuelvas, Antonio- le avisa Selu.
Las cosas han cambiado mucho y muy rápido- le intento aclarar yo.
Por eso no cogería un equipo como primer entrenador, que no quiero, vamos.- Nos dice él mientras yo me río y Selu le deja el guante de ser su segundo entrenador.
 La pedagogía, la metodología, el fútbol, los clubes, el negocio en el que se ha convertido esto sin importar una puta mierda el valor más importante, la chavalería, convirtiéndolos en simple mercadería, ha cambiado muchísimo en muy poco tiempo. Incluso yo, temporada y media fuera de un vestuario, tengo que escuchar y ver cómo se hacen las cosas cada vez que puedo, porque no se para, esto se ha convertido en algo exageradamente tecnificado, al punto de ser ridículo y con un nivel de profesionalización abrumador. Se olvida de la realidad: es un juego. Un juego en el que se juega con niños, aunque nos partamos los cuernos creyéndonos profesionales, esa pasión desenfrenada y ese deseo casi utópico que nos ronda la cabeza no podemos volcarla sobre los jugadores, porque es injusto, porque es un juego. Más que un juego, pero un juego.

-Pues a ti no te pega ese club, tío- me incrimina uno.
-A mí es que nunca me ha gustado su filosofía…- me dice el otro.
-Allí se gana. Y me han tratado de escándalo desde que llegué. Me gusta mucho. Aunque os entiendo, no es un club que caiga bien y sé perfectamente por qué.- puntualizo sobre mi postura.
-Yo es que no sé cómo no te vienes conmigo y entrenas otra vez. Y ahora cobrando, que ya es hora. Porque si todo lo que estás currando no te lo pagan… ¡es que manda huevos!- me insiste Selu.
-Ver los toros desde la barrera, cuando puedo y cuando me apetezca, sin ningún compromiso férreo más que el contraído con los entrenadores del club ofreciendo mi ayuda y la coordinación de la Metodología es muy distinto, es más cómodo. Me gusta. Me implico y me lo curro, pero no es tan asfixiante como el ser entrenador. Y si se hace bien, dará gusto decir que fui parte de ese momento en el que cambió el club. Puede que no salga, pero me encanta el fútbol y ver cómo crece un proyecto desde cero es precioso. No creo que vuelva a entrenar: el trabajo, la casa, la familia… pero en la grada o en el “palco VIP” estaré seguro viendo partidos de mi club o de un amigo.-
Mi explicación se extendió demasiado, quizás porque yo mismo necesite justificarme para entender qué estoy haciendo y por qué. Pero está claro, el fútbol ahoga. Y mi nuevo cargo, mi responsabilidad, es muy distinto y mucho menos exigente. Se respira fútbol, pero se respira más.

Y después de latas y botellas de Coca-Cola, cuando no nos queda equipo que analizar ni club al que no le saquemos una pega, nos miramos y sacamos en claro que todavía quedan muchas latas más y muchas discusiones más para arreglar esto que nos gusta tanto. Que el césped llama, el vestuario, el banquillo, la tensión en el estómago justo cuando el árbitro pita para que empiece el juego, la pizarra pintarraqueada, los ejercicios a lápiz corregidos a bolígrafo, las bolitas del césped artificial enredadas en los calcetines recordando una pisada colocando una posta, un cono, una valla o recogiendo un balón. No sabemos por qué, pero los tres, con el bañador ya medio seco y la barriga extendida después de tanto beber y comer, tenemos el presentimiento de que aún nos queda un “venga, eh, vamos, dale fuerte, va, vamos chavales, arriba, eh…” escondido entre los labios y que tarde o temprano, de un modo u otro, en el club que sea, con un cargo o como entrenador, saldrá con aire algún día, con fuerza, con ilusión. Porque en aquella piscina del domingo sólo flotaron los triunfos y los buenos sabores. Y aunque se atrevieron a salir un rato a flote los tristes recuerdos o el fútbol más amargo, se fueron pronto hacia el fondo azulado de la piscina. Y ahí se quedarán, para que los recordemos, pero jugando en la superficie con lo bueno, lo que flota en nuestra memoria.

Rutas por Nueva York. Parte IV: MoMA y milla de los museos.


Esta ruta es la última ya de esta serie, puesto que el siguiente día contraté una visita a Washington, que recomiendo totalmente, con “City Travel NYC”. Esta compañía tiene otras visitas culturales bastante interesantes. Pero el miércoles, el día del que vamos a hablar, me pateé la quinta avenida y lo alterné con visitas al museo y al Central Park. ¡Sigamos y terminemos pues!

La milla de los museos se halla enclavado en el Upper East Side, el barrio más rico de todo Estados Unidos. Pero el MoMA, que es al que teníamos entrada, está en la 5th avenida, pero metida en el cogollo de macrotiendas chuli-guays. Este es el que tiene obras contemporáneas, de Andy Warhol, Picasso o Van Gogh, incluso algunas que, debido a lo modernas y recientes que son, están siendo estudiadas para ver dónde las encuadrarían, nunca mejor dicho.

Para llegar al MoMA hay muchas líneas de metro, nosotros tuvimos que coger el metro M, hasta la parada 5Av/53 St.

Dependiendo de lo que tardemos visitando el museo, pues se saldrá a una hora u otra. En este caso no es un Museo del Prado o un Bellas Artes, que podrías pasar toda una mañana. Tiene muchas menos obras y tienes que ser muuuuuuy recalcitrante si necesitas toda la mañana para ver el museo entero… Se supone que vamos para estar allí a la hora que abren, sobre las 10’15, así que no debe ser todavía la hora de comer (o muy próxima). Nosotros ya teníamos la entrada, cuesta 25$ por persona y se pueden sacar por la web (lo más recomendable). Para ser sinceros, las entradas las veía un muchacho en una cinta, al que si yo le enseñaba una entrada del último concierto de “Los Diablos” en el hotel de Fuengirola al que fui con mis abuelos en el verano del 2002 también creo que me hubiese dejado pasar. Pero nosotros vamos de legales, no seáis tan malotes y pagad la cultura, narices.

No voy a comentar cada una de las obras que había (algunas exposiciones temporales, yo cogí una de fotografía que me encantó). Así que pasamos al tema de comida: Hay un Dean&Deluca, una tienda/mercadito de la que ya habíamos hablado antes, muy cerca del MoMA, en la 56th, antes de llegar al Carnegie Hall. También hay un Stage Deli en 834 7º Av. (Entre la 53 y 54). Este es el sitio donde ponen los pastramis, ensaladas y cosas del estilo. Muy recomendable. Y muy cerca. A dos manzanas. También podemos esperar a llegar al edificio Dakota, porque hay un Gray's Papaya (2090 Broadway con Amsterdam Av., en la 72nd, tras el Dakota).

Del museo salimos por detrás, por la 54th, para dar con la tienda de Manolo. Bueno, sin Blahnik pierde mucho. El número 31. Tiene un escaparate muy pequeño, pero a quien le gusten y entienda de zapatos, pues como que llega al orgasmo, como el caso de mi novia. Más gustillo le tiene que entrar al vendedor cuando cobra lo que cuestan los taconcitos esos.

Ahora vamos a la 6th avenida, para ir subiendo hasta Central Park. Antes, vamos a la izquierda en la 56th, para pasar por el Carnegie Hall: Es uno de los lugares más significativos en los Estados Unidos tanto para los músicos clásicos como para los populares, famoso no sólo por su belleza e historia, sino por su fina acústica. Ubicado entre la 7th Avenida y la Calle 57, a dos manzanas de Central Park. Es uno de los sitios donde triunfó John Williams en sus inicios, del que ya hablamos en el blog.


Pulsa en la imagen para verla mejor
Pulsa en la imagen para verla mejor
Ahora giraremos a la derecha, hasta llegar al parque, ahora sí. Entraremos por West Dr, que llega hasta una bifurcación, donde tomaremos el camino de la izquierda, para llegar al memorial de John Lennon, la placa de IMAGINE.

Saliendo del parque podremos ver el edificio Dakota, donde lo mataron. El parque no es tan “fácil” de seguir si no tienes un buen mapa, ojo con eso. A ver, tarde o temprano saldrás, supongo que vivo, pero que si quieres buscar una estatua en concreto o algún lago que te han dicho, pues a lo mejor no es tan sencillo. Nosotros buscamos la de Balto. Me hacía gracia. Lo busqué en Google Maps, sí, tío, soy así. También hay una de Alicia en el País de la Maravillas. Pero mola menos. Balto no se drogaba.

Volvemos a la bifurcación de West y tenemos dos opciones:
  • Cruzamos el parque y salimos hacia la milla de los museos, en cuya 6th avenida están las boutiques más caras del universo mundial.
  •  Cruzamos el parque hasta llegar a la East, como es lógico, para bajar hasta la estatua de Balto.
En cualquier caso, tenemos que llegar a la 65th, donde empezaría la 5th Avenida.

Vamos a salir al principio de la milla de los museos, pero me parece un pateo enorme para nada, porque sólo podríamos ver la fachada (al igual que pasaba con el Museo Natural, que está más pallá del Dakota). Pero saldremos al Museo Judío. Eso es lo que hice con mi novia. Pero para quien tenga fuerzas suficientes o tenga entradas para otros museos distintos al MoMA, que fue el que yo visité, pues le puede venir mejor esa ruta. El Museo de Ciencias Naturales me dijeron que era una pasada. Nosotros preferimos el de Arte Moderno, pero creo que también merecería mucho la pena si tenéis tiempo de sobra. Y fuerzas, que esto cansa tela… Leer la nota al final del artículo*.

Bueno, pues después de cruzar la entrada del ZOO de Central Park, vamos a caminar por toooooda la 5th avenida. Aunque ya deberíamos haber comido ALGO.

Norte del Midtown (Top of the Rock (Rockefeller Center), 5th Avenida: Nike en Trump, Cartier, Zara, Sony, Tiffanys, Sacks y Radio City Music Hall):

 Viniendo por la vera del parque ya hemos tenido que ver el monumento a la Armada, en la plaza de su mismo nombre, y el mítico Hotel Plaza haciendo esquina.

Adentrándonos ya en la 5th avenida y “bajando” las calles, en el cruce con la calle 58, tenemos la tienda de APPLE y Cartier (En navidad el edificio lo envuelven con un enorme lazo rojo y en sus balcones ponen soldaditos de plomo de tamaño natural). Si hubiésemos seguido por la 59 un poco más abajo (Lexington), tenemos los almacenes Bloomingdale's y justo enfrente una tienda ZARA, pero mejor seguir por la 5th. También por esa zona del Bloomingdale’s tenemos una franquicia del Café Europe (5th. 127 E. 60th con Lexington Ave.).

En el cruce con la calle 57 tenemos Louis Vuitton a la izquierda, y Bulgari y Tiffanys justo después del cruce, junto al edificio TRUMP. Su centro comercial está revestido de mármol rojo con adornos dorados y con una caída de agua desde lo alto de una de sus paredes. Yo no pude entrar porque el Señor Presidente estaba de visita -aunque en realidad esa era su casa antes de ser Presidente-. También tendremos “Nike Town” (se entra por la calle 57), imagínate la de botines que tiene que haber… Pues sí, los hay. Y camisetas chulísimas. Enfrente del edificio Trump, en la 5th avenida, el Abercrombie, con todo lo que conlleva. Giorgio Armani cruzando ya la 56.

Entre las calles 55 y 56 está la Sony, pero ya haciendo esquina con la Madison Avenue, es decir, viniendo de la 5th avenida, se gira a la izquierda en la 55, y se ven sus dos tiendas en las que encontramos la última tecnología de esta marca.

En la esquina con la calle 53, a la izquierda, está la iglesia episcopal St. Thomas Church.
Seguimos y encontramos Victoria Secret, Versace y un ZARA. Y pa qué más… Al llegar a la 50th, vemos la catedral de San Patrick en la izquierda y el Atlas, la escultura de Lee Lawrie que preside la entrada al Internacional Building. Que, por cierto, tiene una réplica fantástica en la tienda LEGO que hay más adelante:

A los lados de la catedral tenemos dos importantes edificios: a la derecha, entre las calles 49 y 50, los caros almacenes Saks (Louboutin, PRADA… yo qué sé ya la de marcas que se ven aquí); a la izquierda, por donde hemos venido, entre las calles 51 y 52, la torre de cristal Olympic Tower, sede de la Federación de Baloncesto, osea de la NBA. Nosotros nos confundimos y creímos que era la tienda de la NBA, pero no, la tienda de la NBA está en la 49. Y merece mucho la pena ir, porque tienen camisetas, sudaderas y todo tipo de material deportivo de todos los equipos de la liga. Incluso un rincón de “viejas glorias”, donde venden cosas de los ochenta y los noventa.
Bueno, pues seguimos. Giramos a la derecha (o volvemos por donde veníamos, dependiendo de lo que hayamos hecho en los centros comerciales estos), para llegar al Rockefeller Center. El paseo ajardinado, llamado Channel Gardens, tiene a sus laterales dos edificios la Maison Française y el British Empire Building en los que hay tiendas, restaurantes y cafeterías (Selectas tiendas como Godiva Chocolatier, Swarovski, Christie’s, Façonnable o Movado). Al final de los jardines tenemos la plaza que sirve de terraza en verano y de pista de patinaje sobre hielo en invierno. La plaza está presidida por la escultura dorada que simboliza a Prometeo. 

Para subir al “Top of the rock”, arriba del todo del rascacielo y que mejores vista tiene de Nueva York, sin lugar a duda alguna, visitar www.topoftherocknyc.com/ Sacar las entradas allí para una hora concreta. Horario de 8:00 a medianoche, el último ascensor sube a las 23:00. La entrada cuesta 35 $.
Pulsa en la imagen para verla mejor
Pulsa en la imagen para verla mejor

Nosotros hicimos reserva para las 20’55 h, ya que después de todo el pateo post-museo, vamos a darle tiempo a las tiendas y a la 5th Avenida. Así vemos, igualmente, el atardecer/anochecer de NY.

Justo detrás, se alza el edificio del más puro estilo Art Deco, la General Electric. El Rockefeller Center se puede sentir orgulloso de tener algunos de los mejores restaurantes de la ciudad como por ejemplo Le Bernadin, en la calle 51, entre las avenidas 6ª y 7ª, especialista en pescado y marisco; Alfredo, especialista en pasta, en la calle 49, entre la Rockefeller Plaza y la 5ª avenida; Rainbow Grill, el italiano que se encuentra en el piso 65 del General Electric con unas espectaculares vistas. Yo no fui a ninguno de estos, la verdad. Compré un perrito barato en un puestecillo de la calle y no me arrepentiré en la vida. Picantito y con su mostacita y su kétchup por encima. Me apetecía cosas sanas de ese estilo.

En la esquina de la calle 51 (estamos en la 50th) y 6ª avenida (que es la siguiente) está la sala de espectáculos más famosa del mundo, el Radio City Music Hall. Dentro del Rockefeller están los estudios de la NBC, una de las principales cadenas de televisión del país. También, al otro lado del Rockefeller, está la tienda de Nintendo, con una estatua enorme de Mario y algunas más en su interior de la princesa Peach, el gorila, etc...

Y viendo el pateo que llevamos, vamos a prescindir de la visita al barrio de las joyerías judías, porque se nos iba de madre un poco el caminito… volvemos a casa.

Hasta aquí nuestro viaje por Nueva York, con cuatro rutas de lo más completas y que mejor resumen la ciudad "que nunca duerme". Pero un aviso: esta ciudad es ENORME, nunca terminarás de hacer todo lo que puedes hacer en Nueva York. Los museos o monumentos sí son escasos, no necesitan tanta dedicación como otras ciudades, como en Europa ocurre en París, Roma o Madrid. No es una ciudad tan "cultural". Es decir, lo que puedes hacer en Nueva York es vivir muchísimas experiencias. Por ejemplo, conté lo de la misa en Harlem, pero también puedes asistir a conciertos de Jazz, a la movida gay del Meatpacking, a un partido de béisbol, uno de baloncesto, uno de hockey... es decir, infinitas posibilidades e infinitos lugares de restauración, con la posibilidad de variar el menú millones de veces (tailandés, tejano, mejicano, latino...). Por eso, es casi imposible no volver en un futuro, porque siempre quedarán cosas por vivir, como por ejemplo, una Navidad con su nievecita y sus compras...

Espero que os haya gustado, dentro de unas semanas volveremos con otra ciudad ;)






Nota:


La milla de los museos nos la saltamos, pero si queremos verla, aquí hay un recorrido:
Es la parte más “rectita” posible. Continúa hacia el Norte dejando a nuestra izquierda Central Park. En la esquina con la calle 65 se encuentra una enorme sinagoga, el Temple Emanu-El. Continuamos hasta la calle 70 y nos encontramos con el primer museo de esta ruta, la Frick Collection, un gran palacio que fue residencia de un industrial llamado Henry Clay Frick. Seguiremos hasta la calle 75 y giraremos a la derecha para llegar a Madison Avenue, la primera que cruza. Aquí tenemos el Whitney Museum of American Art, un interesante museo de arte moderno en el que podrá admirar obras de artistas tan importantes como Andy Warholl. Regresaremos a la 5ª avenida y giraremos a la derecha para continuar hacia el Norte.
El museo más importante, el Metropolitan Museum of Art, está llegando a la 80th.